En nuestra memoria, la Edad Media es siempre violencia, miseria y oscurantismo, una época sin piedad. Sin embargo, durante ese periodo floreció la medicina, el álgebra y la gastronomía. Francois de Villon, el poeta medieval francés más reconocido, solía visitar los monasterios y compartir con los anfitriones y demás huéspedes tragos de la bebida más famosa en aquel entonces: Se trata de un vino rojo mezclado con miel, canela y jengibre.
Se estima que la cantidad de vino que se ingería era de dos a tres litros por día, por persona. El más apreciado durante los siglos XIII y XIV era el Bordeaux Pinot Noir.
La sopa
La regla durante el periodo medieval era la siguiente: "El secreto de una buena sopa es acompanarla con un buen pan". Y es que, el proceso para elaborar una sopa consistía en agregar pedazos de pan en el fondo del plato antes de servir el caldo lo que le daba mayor consistencia y mejor sabor. El pan más común era hecho a base de trigo o avena. La sopa era servida a las cinco de la tarde y, recalentada, funcionaba como desayuno para el día siguiente. La característica de la sopa es su cambio de color con respecto a las estaciones del ano: así, durante el invierno era de una tonalidad marrón, gracias a las habas o frijoles que la componían. Durante la primavera era de color blanco, porque la cebolla predominaba en esa estación. Finalmente, durante el verano, el color verde predominaba, debido a la variedad de legumbres que la enriquecían.
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La lucha entre la carne y la abstinencia
Como es bien sabido, la ideología religiosa imperaba en los habitantes de aquella época. Las personas vivían una drástica y constante alternancia entre los días grasos y los días de absitencia. Durante las peregrinaciones a Santiago de Compostela, las familias se mantenían con energía gracias a los alimentos que llevaban consigo: almendras, pan y queso. Las primeras funcionaban como verdaderos dulces energéticos para los ninos. El régimen estándar era de 5,000 calorías por día.
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Los monasterios, su queso y su vino
Con el paso del tiempo, los monasterios fueron ganando fama y prestigio en virtud de la calidad y sabor de los quesos y vinos que ellos mismos elaboraban. La alimentación era muy importante, pues era un método para mantener la salud del cuerpo, así como una estrategia para evitar caer enfermo o combatir determinada enermedad. Ya los griegos y los árabes poseían la idea de que las hierbas, especias y legumbres eran medicina y que una enfermedad era el resultado de un desequilibro en los humores del cuerpo, así que lo humedo, seco, frío o caliente era determinante para curar cierta enfermedad: A la fiebre se le combatía con ensaladas.
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Pasión por las especias
La canela, pimienta, jengibre, nuez moscada y cardamomo se convirtieron en la fascinación de los habitantes de los siglos XIII, XIV y XV en Europa. Tamizadas y mezcladas con miel, las especias constituían una fuerza suplementaria para los caballeros que se preparaban para salir a combate.
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Receta medieval: Salchichas al jengibre
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Guillaume Tirel (Francia, siglo XIV), fue el primero en escribir un libro de recetas. Para todos ustedes, hoy comparto una de sus deliciosas recetas:
Salchichas al jengibre:
Se cortan las salchichas de puerco y se cocen a fuego lento. Se les va agregando lentamente 420 centilitros de vino tinto mezclado con miel. En otro recipiente, ya se ha tamizado un poco de raiz de jengibre y azafrán. Ese polvo servirá para colocar encima de las salchichas, sin retirar del fuego.
Delicioso!
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