"La otra noche vi de soslayo a una hadita amarilla; otras noches me parece ver mirlos azul metálico que suben en escuadra hacia la luna, también metálica. Y alrededor de ella puedo ver mis sueños y mis pensamientos girando y riendo de locura de atar. Y en una piedra volante junto a la luna veo a mi hermana, montada en su cabello verde pistache, al que ella nombró "Ice cream color". ¿Es que este mundo es serio? Yo me largo.
Un espacio literario donde la ternura, la miel y el veneno, se entremezclan en un afán de hermanarnos, de explicarnos y reinventarnos: mujeres hermosas, todas las flores somos!
Monday, 4 September 2017
Friday, 1 September 2017
MI EXPERIENCIA DE UN SUEÑO LÚCIDO
Durante mi estancia en Londres, hace seis meses, me ocurrió mi primer "sueño lúcido"; quizás porque esa isla es tan aburrida que deja traslucir más fácilmente los otros planos del inconsciente:
Eran alrededor de las diez de la noche. Recostada bocarriba. Pensé que estaba dormida, pero me di cuenta que estaba más despierta que nunca, con el tacto a flor de piel, con el oído muy agudizado, con los ojos de una lechuza. Escuché y vi más allá de lo que yo hubiera querido: La voz impostada de la vecina, gritando a su marido que llevara a su hijo al doctor, el claxon desde el automóvil: "Hurry up!". En el cuarto de al lado, las risitas morbosas de los dos rumanos que lo rentan. Siempre sólo he podido entender sus risas. Mi oído derecho comenzó a zumbar, provocando que escuchara a un radio bastante considerable a la redonda: Todos los sonidos se me pegaban al cuerpo, tan agudos. Un impulso me hizo levantarme de la cama y abrir la ventana (llevaba más de un mes durmiendo de forma perpendicular a la cama, es decir, con parte de mis piernas y pies colgando). No quería perderme la noche, con sus luces anaranjadas, el cielo con sus franjas rosadas, cerca de Islandia, todos los cielos son posibles. El viento se coló, de súbito, eso era lo que necesitaba para saber que estaba viva, después de haber pasado meses en esa buhardilla. Pero mi corazón se encogió al leer en una nube rosa que había muerto. Por mi mente pasó Fairuz y su canción "Le Beirut", toda en un segundo, completa la escuché. Nunca pude ir a Líbano, no lo logré. "Estoy triste de muerte", pensé. También pensé: "No merezco las flores que venden en el Lidl de la esquina. No soy un ángel. Sólo soy una fuerza femenina, una manifestación mexicana. No merezco nada de ese país. Ni siquiera el mío fue mío, nunca lo fue; al contrario, yo fui de él, pero sólo un poquito, porque siempre le "saqué la vuelta" resguardada en mi hogar.
Escuché el potente chorro de orina de uno de mis vecinos; después el cambio de electricidad manifiesto el la tetera que permanecía conectada día y noche: un preciso "tic". De pronto pensé en las frutas de la tienda de los hindúes. La fruta se acomodó a mi deseo y vi canastitas de ciruelas, cerezas y zarzamoras. Los compraba sin dinero, regresaba a casa; de soslayo vi unos plátanos, regresé a la tienda por ellos. Estaba sonriendo a pesar de saber que estaba muerta. Son cosas que uno no se explica, pero más allá de este plano existencial esta esto, lo que estoy narrando. Voltee al otro lado de la ventana: el pino más grande del mundo, tocaba el cielo con su punta, se sacudía como "brazileiro". El aire de Londres es de cuidado. Eso es todo lo que recuerdo, porque, podría escribir más cosas, pero eso no sería exactamente lo que sucedió. Lo que realmente me pasó lo trato de reproducir fielmente en este escrito. Y no más.
Texto: Miledi Rodríguez Ramos, Copyright, 2017. Todos los derechos.
Eran alrededor de las diez de la noche. Recostada bocarriba. Pensé que estaba dormida, pero me di cuenta que estaba más despierta que nunca, con el tacto a flor de piel, con el oído muy agudizado, con los ojos de una lechuza. Escuché y vi más allá de lo que yo hubiera querido: La voz impostada de la vecina, gritando a su marido que llevara a su hijo al doctor, el claxon desde el automóvil: "Hurry up!". En el cuarto de al lado, las risitas morbosas de los dos rumanos que lo rentan. Siempre sólo he podido entender sus risas. Mi oído derecho comenzó a zumbar, provocando que escuchara a un radio bastante considerable a la redonda: Todos los sonidos se me pegaban al cuerpo, tan agudos. Un impulso me hizo levantarme de la cama y abrir la ventana (llevaba más de un mes durmiendo de forma perpendicular a la cama, es decir, con parte de mis piernas y pies colgando). No quería perderme la noche, con sus luces anaranjadas, el cielo con sus franjas rosadas, cerca de Islandia, todos los cielos son posibles. El viento se coló, de súbito, eso era lo que necesitaba para saber que estaba viva, después de haber pasado meses en esa buhardilla. Pero mi corazón se encogió al leer en una nube rosa que había muerto. Por mi mente pasó Fairuz y su canción "Le Beirut", toda en un segundo, completa la escuché. Nunca pude ir a Líbano, no lo logré. "Estoy triste de muerte", pensé. También pensé: "No merezco las flores que venden en el Lidl de la esquina. No soy un ángel. Sólo soy una fuerza femenina, una manifestación mexicana. No merezco nada de ese país. Ni siquiera el mío fue mío, nunca lo fue; al contrario, yo fui de él, pero sólo un poquito, porque siempre le "saqué la vuelta" resguardada en mi hogar.
Escuché el potente chorro de orina de uno de mis vecinos; después el cambio de electricidad manifiesto el la tetera que permanecía conectada día y noche: un preciso "tic". De pronto pensé en las frutas de la tienda de los hindúes. La fruta se acomodó a mi deseo y vi canastitas de ciruelas, cerezas y zarzamoras. Los compraba sin dinero, regresaba a casa; de soslayo vi unos plátanos, regresé a la tienda por ellos. Estaba sonriendo a pesar de saber que estaba muerta. Son cosas que uno no se explica, pero más allá de este plano existencial esta esto, lo que estoy narrando. Voltee al otro lado de la ventana: el pino más grande del mundo, tocaba el cielo con su punta, se sacudía como "brazileiro". El aire de Londres es de cuidado. Eso es todo lo que recuerdo, porque, podría escribir más cosas, pero eso no sería exactamente lo que sucedió. Lo que realmente me pasó lo trato de reproducir fielmente en este escrito. Y no más.
Texto: Miledi Rodríguez Ramos, Copyright, 2017. Todos los derechos.
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