Friday, 1 September 2017

MI EXPERIENCIA DE UN SUEÑO LÚCIDO

Durante mi estancia en Londres, hace seis meses, me ocurrió mi primer "sueño lúcido"; quizás porque esa isla es tan aburrida que deja traslucir más fácilmente los otros planos del inconsciente:

Eran alrededor de las diez de la noche. Recostada bocarriba. Pensé que estaba dormida, pero  me di cuenta que estaba más despierta que nunca, con el tacto a flor de piel, con el oído muy agudizado, con los ojos de una lechuza. Escuché y vi más allá de lo que yo hubiera querido: La voz impostada de la vecina, gritando a su marido que llevara a su hijo al doctor, el claxon desde el automóvil: "Hurry up!". En el cuarto de al lado, las risitas morbosas de los dos rumanos que lo rentan. Siempre sólo he podido entender sus risas. Mi oído derecho comenzó a zumbar, provocando que escuchara a un radio bastante considerable a la redonda: Todos los sonidos se me pegaban al cuerpo, tan agudos. Un impulso me hizo levantarme de la cama y abrir la ventana (llevaba más de un mes durmiendo de forma perpendicular a la cama, es decir, con parte de mis piernas y pies colgando). No quería perderme la noche, con sus luces anaranjadas, el cielo con sus franjas rosadas, cerca de Islandia, todos los cielos son posibles. El viento se coló, de súbito, eso era lo que necesitaba para saber que estaba viva, después de haber pasado meses en esa buhardilla. Pero mi corazón se encogió al leer en una nube rosa que había muerto. Por mi mente pasó Fairuz y su canción "Le Beirut", toda en un segundo, completa la escuché. Nunca pude ir a Líbano, no lo logré. "Estoy triste de muerte", pensé. También pensé: "No merezco las flores que venden en el Lidl de la esquina. No soy un ángel. Sólo soy una fuerza femenina, una manifestación mexicana. No merezco nada de ese país. Ni siquiera el mío fue mío, nunca lo fue; al contrario, yo fui de él, pero sólo un poquito, porque siempre le "saqué la vuelta" resguardada en mi hogar.
            Escuché el potente chorro de orina de uno de mis vecinos; después el cambio de electricidad manifiesto el la tetera que permanecía conectada día y noche: un preciso "tic". De pronto pensé en las frutas de la tienda de los hindúes. La fruta se acomodó a mi deseo y vi canastitas de ciruelas, cerezas y zarzamoras. Los compraba sin dinero, regresaba a casa; de soslayo vi unos plátanos, regresé a la tienda por ellos. Estaba sonriendo a pesar de saber que estaba muerta. Son cosas que uno no se explica, pero más allá de este plano existencial esta esto, lo que estoy narrando. Voltee al otro lado de la ventana: el pino más grande del mundo, tocaba el cielo con su punta, se sacudía como "brazileiro". El aire de Londres es de cuidado. Eso es todo lo que recuerdo, porque, podría escribir más cosas, pero eso no sería exactamente lo que sucedió. Lo que realmente me pasó lo trato de reproducir fielmente en este escrito. Y no más.

Texto: Miledi Rodríguez Ramos, Copyright, 2017. Todos los derechos.



1 comment:

  1. Hola Miledi:
    Me gusto tu texto, pero sobre todo su contenido, seguiré leyéndote... una sugerencia. Cuando escribes"Siempre sólo he podido entender sus risas" puedes poner "Nunca he podido entender nada mas que sus risa" creo que queda mejor. Abrazo desde Chile!!
    Rodrigo

    ReplyDelete